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Metamórfica

En el conteo de cada instante se nos pierden  detalles, aromas, colores, sonidos y palabras. Cambias. Cambiamos. Cambio. Todo alrededor cambia. Y esos detalles prevalencen. Se quedan en el brillo de tu sonrisa, en el medio segundo que parpadeas, en el negro tapiz de tus ojos, en el café oscuro de tu cabello, en el rosa de tus labios, en el sonido de un te quiero. Contamos y contamos y contamos hasta ya no recordarlo, hasta que se mimetiza con mi boca y desaparece en la tuya. Hasta que los ojos se nos cierran en la noche y a oscuras me piensas, te pienso y nos amamos.

Amarillo

La oscura luna culmina en un largo sueño, apesadumbrada de dedicatorias banales. Encarna pues la estructura de un ave y despliega alas, lanza el vuelo, el aire conduce espasmos corporales ligeros, amedrentados y muy poco alineados, no creo que se tenga conciencia de tales movimientos. El aire se convierte en brisa, y la brisa en un instante. Apaciguando una y otra vez el rocío encarcelado por hadas mariposas y duendes gatos, se aproxima pues el grande dictador de sofocantes  y encarcelados disgustos, sin embargo existe un pequeño instante en el que no se desprecia, se le ama, se le llora y se le ruega. Instante en el cual la oscura mencionada recae en un largo sueño de espera continua, y renace en esa ave que se posa en el cableado del parque, y canta, porque su dictador al fin se ha hecho visible; después de ser amado, llorado y rogado. El dictador ilumina. Entonces sucede, despiertas.

EL VERBO SER

 " Conozco la desesperación a grandes rasgos. La desesperación no tiene alas, no se halla necesariamente en una mesa servida en una terraza, en el atardecer, al borde del mar. Es la desesperación y no el regreso de una cantidad de hechos sin importancia como las semillas al caer la noche dejan un surco por otro. No es el musgo sobre una roca o el vaso para beber. Es un barco acribillado por la nieve si queréis, como los pájaros que caen y su sangre no tiene el más mínimo espesor. Conozco la desesperación a grandes rasgos. Una forma muy pequeña delimitada por joyas capilares. Es la desesperación. Un collar de perlas para el cual uno no sabría encontrar un broche y cuya existencia ni se sostiene en un hilo, tal la desesperación. Del resto no hablemos. No hemos terminado de desesperarnos si comenzáramos. Yo, me desespero por la pantalla a las cuatro, me desespero por el abanico a medianoche, me desespero por el cigarrillo de los condenados. Conozco la desesperación a grandes rasgo...

La incertidumbre de querer.

Te saludo desde la ventana de mi auto, esperando que aun tengas esas letras que algún día escribí para ti. Alcanzo a ver una leve sonrisa que se despliega por tu rostro haciéndote obvia ante tu inconformismo con la situación. Que desagrado.... Realmente espero que sigas tomando tus medicinas y estés yendo al doctor como es debido. El hecho de que no este contigo no quiere decir que tengas que cambiar tu ritmo de vida; o tal vez estoy siendo demasiado egolatra al pensar que si quiera te preocupa ese insignificante importante hecho. Me quedaré con las ganas de haberte podido llevar a una cita, con las ganas de llevarte a tomar un café... se lo mucho que te gusta el café. Sigo con la curiosidad de saber que es estar un día entero contigo, sin limite de tiempo ni nada que se le parezca. Todavía traigo las ganas de irte a buscar a tu ensayo y recibirte con un caluroso abrazo. Ganas de haberte podido llevar flores a una de tus presentaciones; traigo unas inmensas ganas de ser la primera en ...

Me siento yo

Hay momentos en los que un solo grito seco, lánguido, pero inaudible, me destroza mas que cualquier otra palabra de arrepentimiento. Momentos en los que te das cuenta como en un solo instante todo cambia, y en el instante que le sigue todo vuelve. Momentos que devoran esos mismos instantes, y a su vez los instantes devoran atardeceres, noches estrelladas, mañanas cálidas y tardes soleadas. Cuando uno cree que todo esta perfecto. Cuando mas se tiene fe de lo que esta concreto; o al menos eso pensamos. El instante ocurre. El momento pasa. Las cosas cambian. Pero yo... Yo no. Yo no quiero ser parte de ese funebre instante despiadado. Yo quiero crear mis propios momentos, fuera de las reglas de los instantes asquerosos. Lo que yo quiero es mi puro antojo. Por mas simple que se sienta.